En las cercanías del imponente Cerro Roldán, ubicado en el departamento de Chinandega, se cuenta una historia que ha perdurado a través de generaciones: la leyenda del Espanto del Cerro Roldán.

Se dice que en la época de la colonia, un hombre cruel y despiadado, conocido por su avaricia y maldad, habitaba en las faldas del cerro. Este hombre, movido por su codicia, explotaba a los campesinos de la zona, obligándolos a trabajar arduamente en las minas del cerro en busca de oro y piedras preciosas.
Los campesinos, hartos de los abusos y el sufrimiento, decidieron rebelarse contra su opresor. En una noche de tormenta, armados de valor y furia, atacaron la hacienda del hombre malvado y lo capturaron.
En lugar de matarlo rápidamente, los campesinos decidieron darle un castigo ejemplar. Lo llevaron a lo más profundo de las minas del cerro, lo ataron con cadenas y lo dejaron allí, en la oscuridad y el silencio, para que sufriera lentamente.
Desde entonces, se dice que el alma del hombre malvado vaga por las entrañas del Cerro Roldán, convertido en un espectro conocido como el Espanto del Cerro Roldán. Se le describe como una figura alta y sombría, con cadenas arrastrándose a su alrededor y un rostro lleno de odio y sed de venganza.
Se dice que el Espanto se aparece a los caminantes nocturnos, especialmente a aquellos que son codiciosos o malvados. Su presencia se manifiesta a través de ruidos extraños, como el arrastrar de cadenas, gemidos lastimeros y gritos aterradores.
Algunos dicen que el Espanto busca venganza contra aquellos que se atreven a profanar las minas del cerro, mientras que otros creen que está condenado a vagar eternamente, sufriendo por sus pecados.
La leyenda del Espanto del Cerro Roldán sirve como una advertencia sobre los peligros de la avaricia y la maldad. También refleja el miedo a la oscuridad y a los espíritus que habitan en lugares solitarios y misteriosos.
Es importante mencionar que existen variaciones de esta leyenda, y que algunos creen que el espanto se aparece principalmente en semana santa, para castigar a los que no guardan las tradiciones de esta fecha.
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